"¡Profeta -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del tentador enviado o acaso de una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe un bálsamo en Galaad!
Dijo el cuervo: "Nunca más".
¡Profeta -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor, ahora entre ángeles, un dia podré abrazar.
Dijo el cuervo: "Nunca más".
¡Diablo alado, no hables más, dije, dando un paso atrás.
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni un rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que alli flota fantasmal,
no se alzará... nunca más."
Poe.
dimecres, març 17
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